Estaba en la vereda en la esquina esperando la luz verde para cruzar. Se para al lado mío un señor mayor con un perro lazarillo. Evidentemente el hombre era ciego. En ese momento el perro levanta la pata y le orina al ciego la pierna. Miro asombrado. Y el ciego saca de su bolsillo una galleta para perros y se la extiende. Escandalizado le digo al ciego: No se da cuenta que le acaba de orinar la pierna, y encima le da galletas?...
Contesta: le doy la galleta porque quiero saber donde tiene la cabeza... así le puedo dar una flor de patada en el culo.
