Eran las cuatro de la madrugada y yo no pod?a abrir un ojo. No reaccionaba. Es que la noche anterior nos pusimos a jugar una partida de ajedrez, con una botella de Sello Rojo. Adem?s de jugar ajedrez charl?bamos de nuestras vidas. ?l me contaba de sus experiencias como oficial de tanques en la guerra y lo compar?bamos con mis experiencias de escapar de la guerra. Siempre met?a sa?a y menospreciaba nuestra alianza de Croatas con Alemanes. Nos consideraba menos valiosos. Era un sarcasmo de ?l. No creo que lo sintiera as? de verdad. De todas formas no todo era desagradable, A veces contaba experiencias de su juventud, poca menci?n a su padre. Le gustaba cazar. Conoc?a de armas. De t?cnicas de caza y sobretodo de honor en el cazador con la presa. Su punter?a era t?tricamente certera. Esas partidas a ra?z de la conversaci?n se alargaban y creo que serv?an solo como excusa para beber ese aguardiente de mierda, que nos taladraba las tripa. En los ratos de silencio y mientras se pensaba una jugada jodida se sol?a escuchar el rugido de un Zorro-lobo que merodeaba el campo por las noches. La primera vez que lo o? se me hel? la sangre. Es un rugido, no como el del le?n, es menos sonoro pero suena mas amenazador. Sobre la cama ten?amos una piel de uno que ?l caz? hace a?os. Cuando sali? a buscarlo porque com?a muchas ovejas lo busc? tres d?as. El d?a que se vieron el lobo atac? enseguida. No se amilanan frente al hombre. Corri? derecho hacia ?l y cuando recibi? el primer disparo de perdigones en el pecho, todav?a corri? 20 metros y salt? un alambrado. Ah? y a 30 metros recibi? el tiro del plomo de otro ca?o y cay?. La escopeta es la que se usa para jabal?. Dos ca?os uno arriba del otro, no al lado. Primer tiro arriba cartucho con perdigones grueso y el segundo tiro el ca?o de abajo con cartucho como de ¡§itaca¡¨ con un plomo. Es para tener la seguridad de que el jabal? caer? antes de llagar hasta uno. Con esos cuentos, y entre copas, pas?bamos horas despu?s de cenar y dorm?amos muy poco. El desquite, ?l lo daba a la siesta y yo me jod?a por no poderla dormir. Llegar, por eso, a las 4 de la madrugada a la casa del capataz me costaba un triunfo, y me daba bronca porque los presentes dec?an que ven?a el se?or?to de la ciudad a tomar ¡§mates de siesta¡¨. Es la eterna lucha de los que se sienten menos y les brota de esta forma el trauma. Yo les ten?a respeto y simpat?a y estas cosas no se las tomaba a mal.
(de mis recuerdos correntinos con Juan)
por el a?o 1963

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